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Muñeco de nieve

Muñeco de nieve

Los recuerdos cruzaron la frontera del retrato en blanco y negro de bordes ondulados, de él salieron tres niños con abrigos de lana y gorros tejidos, alborotados al ver por primera vez en su vida los copos de nieve caer suavemente a través de la ventana.

     Antes de abrir la puerta de la casa tiraron al piso verde del pasillo sus pesadas mochilas y corrieron al jardín con la intención de descubrir qué se sentía formar ellos mismos un muñeco de nieve como lo habían visto en las películas.

       El pasto blanco sirvió de base para construirlo, seis manitas  inquietas iban y venían agregando nieve y moldeando con cuidado hasta obtener un cuerpo redondo con un  torso un poco más pequeño y finalmente la cabeza.

      Escasa e inusual nevada de aquella mañana de invierno, pequeño personaje efímero con su nariz de zanahoria, ojos y boca formados con botones, bufanda y gorro tejidos, ramas de limón como brazos y ahí revueltos entre la nieve un sinfín de  instantes significativos.

      Ese día aquellos niños no aprendieron lecciones en la escuela, no hubo horario para el desayuno ni tareas pendientes, quedaron de lado los regaños y las reglas, simplemente se dedicaron a construir un muñeco de nieve y amalgamado a él un manojo intangible de  recuerdos que a su vez llegaría a convertirse en materia prima de  inefables y valiosos  momentos a lo largo de sus vidas.


Por Verónica Delgado Oviedo

acinorev8@hotmail.com