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MENTE LIBERADA

MENTE LIBERADA

Puede ser que un día de éstos,  abordes un  carro que no es el tuyo porque la llave coincidió  y ya sentada frente al volante te des cuenta que hay unos papeles en el asiento del copiloto que no te acuerdas haber puesto ahí, nunca dejas nada a la vista, es más, ni siquiera dentro de la cajuela, desde aquél día que fuiste a las ofertas con tu hermana y saliendo de la tienda  después de poner las compras bajo llave,  se les ocurrió ir a tomar un café en una bonita zona céntrica, y cuál va siendo la sorpresa de ambas que en el inter les robaron todito hasta los rollos de baño. Caso seguido, ves los papeles y en seguida te admiras al descubrir un estéreo que no reconoces, no, éste no es mi carro, piensas  y te bajas de prisa dejando todo en su sitio, no vaya  a ser que te lleves pertenencias ajenas.

Cosas así suceden a individuos distraídos, tal vez te ocurra  que te subes a tu automóvil  con tu vestido  de falda amplia y circular  como los que se usaron en alguna época y sin querer al cerrar la puerta dejas una parte de la tela hacia afuera, manejas con cuidado respetando las indicaciones  y de pronto un oficial te hace la señal de que tienes que detenerte, te enojas y te orillas maldiciendo , “¿Ahora qué hice?” , “No señorita no se altere, sólo quería avisarle que trae una parte de su vestido a la intemperie y se le podría ensuciar”…

Y si te da por cocinar puedo pensar que un día con la prisa y con tan poco tiempo disponible, pongas  a cocer un manojo de espinacas, para empezar lavas rápidamente en el fregadero hoja por hoja como debe de ser,  colocando las que van quedando listas directamente sobre el escurridor haciendo una montañita. Todo irá transcurriendo en orden,  tomarás las hojas limpias con ambas manos y las volcarás directo en la olla que descansa sobre la estufa, sólo restará esperar unos cuantos minutos. Con premura destapas el recipiente y al sacar las espinacas, debajo de todas las hojas descubres  el trapo verde  que usas para limpiar la cocina que sin tú haberlo planeado se incluyó en la cocción. Dirás que a ti no, que nunca te sucederían esas cosas ni mucho menos, puede ser que sí, obsérvate   aún  pequeña estudiante de secundaria, puede ocurrir  que dejes  tu falda del uniforme acomodada en la sala desde la noche anterior para que no se le arruguen los tablones.  Te vas a dormir y en la madrugada te acuerdas  que ese día tocaba llevar puesto el  delantal para la clase de cocina a primera hora, te abotonas  tu blusa impecable y encima el mandil,  con la idea de dejar  la falda para el final, después de desayunar. Todo bien hasta que ves el reloj, sales de prisa y olvidas  lo primordial. Corriendo  rumbo a la escuela casi a medio camino reconoces en tu andar, mayor ligereza que de costumbre.

O acaso ya por estas fechas un día  rumbo a la zona universitaria  recuerdes aquellos días en que tenías que tomar el camión y decidas ocupar los asientos vacíos de tu auto con varios estudiantes que esperan impacientes en la esquina. Te detienes  en la  gasolinera, mientras te surten la gasolina  uno de los chicos se baja acomedido,  en un gesto recíproco, a inflar las cuatro llantas sin que tú lo hayas notado. Ya pagaste la gasolina y antes de arrancar agradeces  al joven y le entregas  una  propina, “no gracias” te dice mortificado, “vengo con usted  en el carro”.

Habrá personas que pensarán que eres mal educada o engreída, te vieron en la calle  y no los has saludado, puedes decirles que no lo tomen personal, que no te juzguen olvidadiza ni indecente, lo que ocurre  es que a veces tu mente se libera de ti y prefiere  pensar en cosas más importantes mientras te ocupas de lo cotidiano.

 

Por: Verónica Delgado Oviedo

aciorev8@hotmail.com