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MEMORIA A LARGO PLAZO

MEMORIA A LARGO PLAZO

Tener buena memoria ha traído a mi vida algunos malos ratos y sinsabores que no pretendo relatar en este momento sin embargo quiero mencionar uno de ellos que tiene que ver con las fechas que se avecinan.

Sucedió aquella  mañana de principios de marzo cuando mi querida maestra de quinto de primaria nos pidió silencio absoluto para darnos algunos avisos importantes. Uno de ellos llamó especialmente mi atención: “La escuela empieza a organizar la tradicional celebración del 21 de marzo y a nuestro grupo le tocó  la importante tarea de montar una puesta en escena sobre el Benemérito de las Américas. El alumno que se aprenda de memoria perfectamente todos los diálogos, representará honrosamente a  don Benito Juárez. En este momento voy a poner sobre sus pupitres la hoja con los textos y el lunes próximo pasarán al frente a decirlo en voz clara y fuerte. La directora estará presente para elegir al mejor.”

Llegué entusiasmado a mi casa a platicarle todo a mi madre asegurándole  que yo ganaría ese papel así que ya podía ella ir preparando mi vestuario para que quedara  idéntico al de la foto que aparecía en la portada de mi libro de historia.

Ni siquiera quise salir a jugar futbol esa tarde, dejé de lado las otras tareas y me enfrasqué en aprenderme exactamente aquellas líneas.

Mucho antes de que se cumpliera el plazo, yo ya me sabía de principio a fin aquellos diálogos y hasta había practicado frente al espejo la voz y la entonación. Mi mamá empezó a fabricar la ropa y hasta hicimos pruebas del peinado.

Llegó  por fin el día tan esperado por . Me levanté más temprano que de costumbre para repasar y no olvidar detalles. Cuando entré en el salón, la mayoría de mis compañeros ni siquiera se habían acordado de leer las hojas y algunos hasta las habían extraviado, entonces me sentí más seguro de obtener el anhelado triunfo.

Cuando entraron la maestra y la monja directora, todos sin chistar ocupamos nuestros lugares. Fuimos pasando al frente uno por uno. Cuando tocó mi turno me emocioné tanto  que hasta clarito vi frente a al presidente Juárez  que orgulloso me observaba

Nos mandaron afuera para deliberar y fue obvio que al regresar al salón la directora pidió a todo el grupo que me felicitara, no había que pensarlo demasiado, yo había sido el mejor y por supuesto el papel me pertenecía.

No lo he dicho pero yo era un niño muy delgado y pálido como la cera,  de pelo castaño ensortijado y grandes ojos verdes. La directora no había reparado en ello cuando me dio el papel del Benemérito, se había quedado impactada por mi capacidad para memorizar y había pasado por alto que mi físico representaba un verdadero problema. Curiosamente lo anterior se lo hizo notar la mamá de mi amigo Rogelio que era presidenta de los padres de familia y necesitaba urgentemente que su niño tuviera un lugar preponderante en la celebración, de lo contrario ella y su esposo  tendrían que retirar de inmediato sus aportaciones monetarias al instituto.

Mi maestra no tuvo otro remedio que mandarme llamar una semana antes de la representación para decirme muy sutilmente que “El respeto al derecho ajeno es la paz”, “El derecho y la justicia ante todo” y todas las demás frases  y diálogos que me sabía de principio a fin con todas sus respectivas comas y acentos, ya no las diría yo sino Rogelito porque él daba mejor el perfil de don Benito. “Pero no te preocupes, para que no sientas que te aprendiste todo en vano, como tu compañero no se sabe bien el texto, tú vas a ponerte detrás de la mampara para que se lo vayas diciendo línea por línea, así todo queda solucionado y va a salir una representación hermosísima.”

Y así fue. Mi mamá trataba de consolarme pero tuvimos que llorar juntos porque la directora ya había decidido que la mamá de mi amigo tenía toda la razón y no había vuelta de hoja.

Todavía recuerdo las frases de don Benito, su lucha a favor del respeto y la  justicia y la búsqueda del bien común. Aún ahora puedo recordar el patio de la escuela repleto de sillas metálicas ocupadas por padres de familia, invitados, maestros y compañeros de toda la escuela, veo aquel escenario y a Rogelio con su traje impecable y su banda tricolor cruzada en el pecho. Me veo ahí ayudándolo a ensayar un poco antes de subir a la tarima, luego veo a mi maestra tomándome del brazo para colocarme en mi puesto estratégico para que nadie me viera y mi amigo pudiera escucharme perfectamente sin temor a equivocarse.

Regresé a mi casa repitiendo para mis adentros “Sólo hay gloria para aquellas naciones que defienden el derecho y la equidad”, “Los hombres no son nada, los principios y el recto proceder lo son todo”, La democracia es el destino de la humanidad, la libertad su brazo indestructible”

 

Por: Verónica Delgado Oviedo

acinorev8@hotmail.com