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Más cerca que nunca

Más cerca que nunca

Más cerca que nunca

Por Verónica Delgado Oviedo  acinorev8@hotmail.com

       Le dijo oye ven acá, acércate, ten cuidado con ese banco que está mal acomodado. No sé dónde te has metido últimamente que ya ni un lazo me echas y no es que sea lo mío andar de sentida, pero es que de veras no sabes la falta que me haces. Para consolarme te veo todos los días en tu retrato que ocupa el sitio del frutero de las manzanas amarillas ¿te acuerdas? No sé si importen los recuerdos allá donde te fuiste, qué tanto haces, estoy impaciente, ándale ven acá.

 Después siguió el silencio con su sonido indescifrable y la lluvia tamborileando en la ventana.

      No sé bien cómo es esto, siguió diciéndole, es como si hubiera un túnel invisible entre tú y yo para comunicarnos, me dices sin palabras lo que necesito que digas, pero hoy con tanto ruido y esa lluvia necia, la señal se debilita, pero te presiento, sé que te acercas, te necesito acá ya no te vayas.

      Le hubiera gustado escuchar su voz como antes cuando platicaba con ella frente a frente y podía abrazarla y tocar sus manos sin embargo ahora era distinto sin un cuerpo de por medio, la cercanía viéndolo bien empezaba a volverse mucho más estrecha.

      Entonces sucedió algo que cruza el terreno de lo mágico, de un momento a otro las interferencias fueron desapareciendo y a pesar de la lluvia torrencial y el ruido cada vez más penetrante, como en una revelación las palabras que su madre intentaba decirle, ahora se hallaban entretejidas en su cerebro, en su corazón y en su garganta de una manera inexplicable y con una claridad tal que ya no hubo necesidad de pronunciarlas.