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LA ESCALERA DORADA

LA ESCALERA DORADA

A Rosita:

Una madrugada de agosto tuvo un sueño excepcional, alguien le murmuraba al oído: “Te tenemos un encargo, hay un festejo allá arriba y hasde fabricar una escalera, con los recursos que poseas, la única condición será  que suba directo hacia el Cielo”

Ella no lograba entender aquel trabajo asignado y se decía confundida por qué me escogen a si no nada de rampas, mucho menos de escalones ni nada por el estilo. A me hubieran solicitado cooperar en el banquete, hacer la repostería o las  tortillas de harina, tejer hermosos manteles, conversar con los invitados y atraer nuevas amistades, tal vez pudieron pedirme encargarme de las compras, llevar las cuentas exactas, optimizar los productos, controlar al personal, ¿pero yo qué voy a hacer construyendo una escalera?”

Le dio vueltas al asunto, salió a caminar por las adoquinadas calles del centro de la ciudad con el propósito de  analizar sus aptitudes,  al dar vuelta en una esquina resplandeció la gran idea, regresó apresurada a su casa para ingeniar  los detalles.    Con hilos fuertes de luz comenzó a formar una cadena, tejió a gancho y con agujas una dorada escalera. Fue pensándolo muy bien y con puntadas difíciles  entrelazó peraltes y huellas, una faena dedicada  casi sin pestañear. Puntos mal entretejidos  los  había de corregir,  un trabajo sin defectos necesitaba entregar. En los últimos peldaños vino la complicación, unas vueltas que no encajaban, no hallaba la solución. Pero como ya casi se acercaba al esponjoso borde de las nubes, Alguien quiso enviarle ángeles diligentes a brindarle valiosa ayuda.

Llegaba a sus oídos una fiel interpretación al piano de la sinfonía cuarenta de Mozart en medio de gran bullicio, al momento de terminar con tan difícil compromiso y sintió cómo resbalaban por su rostro suaves pétalos de rosa a recibir su retorno, fue tan fuerte su emoción que se olvidó de voltear hacia abajo, ya no le importó revisar su labor terminada, esa esbelta y bien lograda escalera dorada que la estimuló a subir, tampoco se dio cuenta  de lo útil que será para los que aquí nos quedamos, porque a la hora de volver, a ese misterioso lugar que un día abandonamos, fácilmente ascenderemos y nos sentiremos felices de volvernos a reunir

Por: Verónica Delgado Oviedo

acinorev8@hotmail.com