Revista Habita

Articulos de Interes

Joaquín Antonio Peñalosa

Joaquín  Antonio  Peñalosa

“Cayó tan despacio en el lapso fatal”.
David Soraiz

De pasos cortos, cortitos, de tez blanca casi rayando en la blancura nórdica, de labios rumiantes y de papada magra sobresaliendo siempre de entre el suéter, y su camisa de cuello blanco, cabellera de escasas canas y delgada, lente de lectura transparente y siempre ataviado del misterio que envuelve a los letrados del ministerio de Dios. Ahí va, entre los rayos del sol se abre paso, y éstos sin piedad que caen calcinantes y que crean un paisaje cuadrangular de luz y sombras que corren de  la majestuosa Catedral al hotel De Gante, de Palacio de Gobierno a la Virreyna, creando un mapping de sobras danzarinas sobre la cantera rosa de estas majestuosas construcciones potosinas.
Joaquín Antonio observa de reojo al señor de las palomas, ese que se ha vuelto tradición, a los boleros que lustran la vida de los constantes a la charla de café, de esos que desde una realidad alterna cafeínada buscan y rebuscan el hilo negro de la intelectualidad, de la cábala política local o de algún tema relevante del semanario que aún se imprime; a los vendedores de globos que dibujan la catársis pueril en los infantes desde los gajos de plástico y desde un cordón que va y viene de manera incesante; de los vendedores de periódicos y revistas que pueblan en la gran Plaza de Armas como esculturas que el tiempo se ha encargado de felizmente oxidar, y se los lleva en el recuerdo, para posteriormente grabarlos en alto relieve dentro sus propios mundo de  frases, en sus propios paisajes poéticos.


Siempre de entre sus manos se asomaba un pequeño “librito” de contenidos poéticos varios, supongo que dicho ejemplar era acariciado en un incesante movimiento, casi tibetano, sus dedos iban de arriba hacia abajo y viceversa, como invocando, como si frotara la lámpara mágica de Aladino, como si quisiera provocar que de él emergiera el genio maravilloso de las letras, de las frases, del melancólico, lúgubre y sacro poema.
Al decir de los que saben y estudian minuciosamente la vida de Sor Juana Inés de la Cruz, ésta se  refugió y se arropó bajo el manto y protección del clero para crear su obra literaria, lo cual no suena nada descabellado, ya que en las paredes de los seminarios, de los templos, de los conventos se respira y se vive la esencia de la sapiencia y el oficio del estudioso del legado que a través de los siglos se ha forjado el clero en al ámbito de la literatura y que es verdaderamente  impresionante, dicho sea de paso.

El padre Peñalosa como también se le conocía fue el fundador y director del Hogar del Niño, ubicado sobre la Avenida Universidad en dirección del oriente, si es que usted va de la Alameda al distribuidor Juárez, este lugar recibía niños varones, los cuales se encontraban en situación vulnerable y les proporcionaba una oportunidad para realizar sus estudios a nivel primara, desconozco si también les eran proporcionados sus estudios de secundaria, preparatoria o de carrera profesional, es poca la información que tenemos de este lugar donde el padre Peñalosa pasó una gran parte de su vida, escribiendo sus cientos de artículos periodísticos y sus otros cientos de poemas.
De la caridad decembrina, quién no recuerda este programa de que pasaba por el canal Trece local “Camino a Belén”, en los primeros días de diciembre aparecía a cuadro nuestro poeta potosino en esa otra faceta, la más conocida obviamente por encima de su quehacer poético; y es que durante el desarrollo de éste, el padre Peñalosa invitaba a todos y cada uno de los potosino a ser solidario con aquellos que por alguna u otra causa se encontraban en situación vulnerable, valores que de manera muy particular creo debemos fortalecer como sociedad, como potosinos, como mexicanos.
La formación académica del padre Peñalosa comenzó en su natal San Luis Potosí, posteriormente se mudó a la ciudad de México donde ingresó al Colegio de los Misioneros del Espíritu Santo y en el año de 1955 obtuvo su doctorado, presentando la tesis “La entraña poética del Himno Nacional Mexicano”. También se desempeñó como docente en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en el Seminario Conciliar y en el Instituto Tecnológico.
De algunos premios y galardones con los que fue distinguido nuestro personaje destacan la Medalla de Oro de Casa Madero por su labor como fundador del “Hogar del Niño” (1958), el Premio Manuel José  Othón por su poemario “Un minuto de Silencio” (1997) y el premio Club España de Periodismo (1954).

Y como todo comienzo tiene un final estimados lectores, a manera de un hasta luego les comparto una pequeña lista de algunas de las obras literarias y poéticas de nuestro poeta anglicano potosino, su legado es sumamente basto, pero como dicen los abuelos basta con un botón de muestra.



Un minuto de silencio- 1955
Cien mexicanos y Dios-1975
Elogio de la silla-1977
Vida, pasión y muerte del mexicano: Notas de costumbrismo-1985
Letras Virreinales de Slp-1988
Humor con Agua bendita-1998

Por Juan Pablo de la Rosa