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HabitaR el centro Los Bazares

HabitaR el centro Los Bazares

Una creciente tendencia global por la compra de productos de segunda mano es visible en muchas ciudades del mundo. Aunque siempre han existido, parece haber un boom, que tal vez se ha derivado de cierta conciencia responsable del reúso, o también de una cuestión de ahorro o quizá, la influencia de los programas de televisión que hacen ver divertido el trabajo de los anticuarios.

No todos los llamados bazares que han proliferado en la ciudad en los últimos años tienen que ver con las antigüedades, en realidad los hay de muchas clases: de libros, de diseño, de herramienta, de chácharas domésticas, incluso de saldos de tiendas departamentales; sin olvidar a los famosos fierreros, que sólo tienden una lona en la banqueta con un puñado de objetos de uso práctico, sin embargo el denominador común es la venta de objetos usados. Con una amplísima gama de posibilidades de cosas de reúso: ropa, muebles, relojes, rocolas, avalanchas, sillas, mesas, cajoneras, libreros, lavaderos, triciclos, refrigeradores, libros, macetas, pinturas, herramienta, fierros, porcelanas, obra de arte, durmientes, muñecas, pilas, juguetes, infinidad de objetos que fueron de alguien más en otro tiempo, con distintos fines. Además de que cada comprador tiene particulares razones para acudir, desde coleccionar piezas decorativas con valor histórico, un punto de vista ecológico del reciclaje, el ahorrar en objetos de segunda mano, la valoración de piezas de alto costo de factura, su contenido histórico, turístico o simplemente curiosidad.

 

Si bien se pueden encontrarse distribuidos en cualquier zona de la ciudad, es cierto que el centro histórico es un ambiente propicio y tradicional para este negocioya que además del entorno turístico y cultural, es que el espacio destinado a la venta, el contenedor de objetos viejos, suele ser también arquitectura de segunda mano, que en muchos de los casos con intervenciones interesantes, donde las habitaciones se convierten en cajas atiborradas de cosas útiles a veces, inútiles otras, pero siempre con valor de interés para alguien. Lo práctico radica en que el hecho de albergar objetos no implica que se requiera de un espacio con características particulares para mostrarlos, más bien los objetos se adaptan y colocan con creatividad en los cuartos, patios, zahuanes y siempre ofrece cierta experiencia al visitante, implica un recorrido de sorpresas sutiles cargadas de significados.

   

Estos mágicos lugares almacenan una especie de tiempo muerto, donde los objetos están a la espera, en una pausa, contenidos en una atmosfera muy particular, donde todo lo que registra la vista, el olfato, el oído son producto de evocación.De muy antiguo origen, la palabra “bazar” (del persa bāzār), significa “el lugar de los precios”. Como tantas otras se adoptó en el castellano tras la ocupación árabe en España y hoy es de uso común en el español de México para designar lugares y comercios muy disímiles: desde un conjunto de carpas de tela y estructura de fierro, permanentes o de un día específico de la semana, hasta la seriedad y pulcritud de una casona vieja en la que los anticuarios reúnen con paciencia objetos asombrosos. El asunto, más allá de las precisiones de espacio y tiempo, reside en la sorpresa y el valor que el busca le confiere al objeto. A partir de ahí, entra en juego una de las más nobles artes del comercio: el regateo.

Les presentamos 3 bazares ubicados en el centro de la ciudad.

 

Vallejo frente al Jardín de San Francisco

Especializada en antigüedades, en su mayoría muebles de los siglos XIX y principios del XX, cuentan con una magnífica colección en la que se pueden encontrar camas de latón, mesas, armarios, escritorios, candiles y piezas decorativas.

  

 

Vallejo casi esquina con Miguel Barragán, antes del Jardín de San Miguelito.

Aquí las opciones se amplían sin derivar en épocas o periodos específicos. Una rockola de viniles del los años cuarenta o un ropero de finales del XIX, se abren espacio entre espejos, libros, óleos, sillas y lámparas. Algunas piezas artísticas creadas por su propietario complementan un espacio en el que es probable encontrar de todo, incluida mucha diversión.

  

                                     

En la esquina de ésta y Miguel Barragán

Aunque también incluyen ciertas antigüedades, predominan las herramientas y máquinas de trabajo, desde plantas de energía y taladros, hasta motosierras. Lleno de sorpresas, se pueden encontrar electrodomésticos, bicicletas y triciclos, relojes y lentes, lámparas y muebles en general.


       

 

Texto: Antonio Gorab

arqgorab@gmail.com

Fotografia: Antonio Gorab y Arnoldo Picazzo