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El pueblo fantasma y el colibrí

El pueblo fantasma y el colibrí
Parecía un pueblo fantasma porque no había gente por ningún lado. Todos los habitantes habían desaparecido y un colibrí se había posado en una pequeña piedra color azul turquesa. Cuando quiso volar no podía despegar sus alas de la roca, de repente lo logró pero el azul se le incrustó en las alas y no se le despintó nunca más. Tiempo después se daría cuenta que no existían  en ningún lado piedras de aquel color pues aquella la habían creado exclusivamente para colorearlo a él.

El tornasol de sus plumas lo convertiría en un ser capaz de cambiar de color con el reflejo de la luz, en el lugar de donde él venía otros pájaros le apodaban pica flor debido a su predilección por  el néctar de las flores de todos los tamaños y colores.

Un día volando hacia atrás y hacia adelante, dando vueltas inquieto y alborotado llegó sin querer a aquel pueblo fantasma y primero se asustó y quiso encontrar a alguien que le ayudara a regresar ya que no sabía cómo le iba a hacer  para vivir así sin el azul del mar y del cielo, sin sus flores de colores y esa riquísima miel. 

Una vocecilla le contestó que no se preocupara por esas cosas que en el nuevo mundo a donde había llegado ya no le iban a hacer falta pues ahí se podía vivir directamente sin tener que recurrir a nada para poder presenciar  cada minuto del día y que las flores y la miel ya las tendría incluidas en su espíritu sin necesidad de irlas a buscar a ningún lado, y así fue que un día la diminuta ave  hizo su nido ahí en el pueblo fantasma y no necesitó  más para sentirse feliz pues al mismo tiempo de no poseer nada ya lo tenía todo y lo que se podía confundir con un lugar sin vida era en realidad un pueblo parecido a aquél de donde él venía pero en lugar de materia lo habían construido con una luz tan brillante que además alcanzaría  para compartirla desde allá con todos los que seguramente ahora lo estarían echando de menos.

Por Verónica Delgado