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El inocente relevo

El inocente relevo

El Año Nuevo se presentó frente a mis ojos como un intruso, un perfecto desconocido. Yo acostumbrada a no hablar con extraños, me comporté  recelosa y huraña. Le di acceso a mi casa, con las debidas reservas y me senté paciente a escuchar sus pormenores e intenciones.

El Año Viejo se alejó furtivamente, creí en su amistad, compromiso y apoyo, luego sin avisarme siquiera, empacó sus pertenencias y me dejó desconcertada en el quicio de la puerta. No voy a negar los lindos regalos que recibí de su parte pero me quejo de las tareas inconclusas y marañas incomprensibles que me hubiera gustado dejara bien definidas antes de partir. Yo sabía de antemano que se alejaríapero creo sinceramente que se su partida fue un tanto precipitada.  Todavía me senté esperanzada en el sillón de la sala con mi copa de vino en una mano y un racimo de uvas en la otra, quería verlo entrar por el pasillo y en su lugar apareció un joven extraño que según argumentó, venía a sustituirlo.

Yo quería saber detalles, le pedí explicaciones, lo interrogué ampliamente y sólo se limitó a decir que era nuevo en el asunto y que desconocía los motivos que obligaron al Viejo a salir de forma apresurada aprovechando la algarabía y los fuegos artificiales, que él simplemente era un relevo que venía dispuesto a realizar su trabajo de la mejor manera posible y que traía ambiciosos planes que esperaba cumplir

Me dio un poco de ternura cuando lo vi llegar preparado con grandes maletas vacías para guardar las promesas cumplidas, las intenciones concretadas, los proyectos concluidos, los sueños realizados. Nadie le dijo que tal vez para ello le hubiera bastado con un pequeño neceser, que los cientos de propósitos se descarrilan en el camino mucho antes de llegar a su destino. Tampoco le dijeron sus antecesores, cuánto hubieran preferido ellos en su tiempo, a cambio de tantas intenciones prometedoras, ser partícipes de acciones afortunadas, de instantes plenos, de trabajos  realizados con entrega, de días productivos,  de horas alegres. Tal vez por no desilusionar a su inocente relevo, fue que actuaron así, prefirieron no ponerlo en antecedentes y dejar que él mismo fuera recorriendo su camino sorteando obstáculos con tolerancia y paciencia.

En principio quise plantearle la verdad, decirle que nadie estará dispuesto a apoyarlo, que aquí somos así, no queremos participar, nos sentimos cansados y no creemos en nadie, pero me contagió con su alegría, con sus ganas de empezar a organizar los espacios como quien estrena una casa, lo noté emocionado y audaz, capaz de enfrentar cualquier reto con su estafeta dorada fuertemente empuñada y la esperanza de contar con aliados comprometidos.  No tuve otra salida que unirme a su causa, aparté de lado el cúmulo de sinsabores, desconfianzas y  temores, me erguí decidida y  dispuesta  a seguirlo.

 

Verónica Delgado Oviedo

acinorev8@hotmail.com