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EL ESPACIO ESCULTÓRICO DEL DESIERTO

EL ESPACIO ESCULTÓRICO DEL DESIERTO

Al tomar el camino empedrado que conduce al Pueblo Mágico de Real de Catorce, sin una señalética clara o un acceso evidente, se encuentra en el municipio de Vanegas, S.L.P. el Espacio Escultórico del Desierto, obra del prestigiado arquitecto, urbanista y paisajista José Antonio Aldrete-Haas, como un espacio museográfico y paisajístico listo para ser descubierto y sorprender, aún a quien se precie de conocer museos a nivel nacional e incluso internacional.


  

 
No obstante que se encuentra inconclusa, -digamos que a un 90% ya que sólo falta la museografía y mobiliario interior en el área de exhibición a cubierto-, y que la obra lleva meses detenida, se aprecia casi en su totalidad una propuesta original con un nivel poético, congruente con la trayectoria del despacho Aldrete-Haas, que cuenta con intervenciones paisajísticas en una amplia variedad de contextos, liderado por una personalidad que cuenta con formación de alto nivel en instituciones reconocidas a nivel mundial.

El Espacio Escultórico del Desierto se encuentra en un contexto natural interesantísimo ya que este territorio del municipio de Vanegas forma parte del Desierto de Chihuahua, uno de los ecosistemas más ricos del planeta en biodiversidad, y el espacio se emplaza en veinte hectáreas a las faldas de cerros bajos, en un lugar aislado por un cauce de agua, seco e intermitente, cubierto hasta donde alcanza la vista por matorrales bajos –gobernadora-, huizaches, yucas, xoconoxtles, biznagas, garra de león y más de veinte especies de cactáceas originarias del lugar, algunas de ellas de edad centenaria.

Concebido para integrarse al silencio y espiritualidad del desierto, este lugar cambia de acuerdo a las variaciones estacionales, según la época del año en que se visite, para encontrar verdor en primavera y verano, además de floración blanca, roja y amarilla. Este espacio aporta esa “austeridad vacía” que normalmente asociamos con la espiritualidad. El ensimismamiento es, paradójicamente, interrumpido y reforzado por catorce piezas escultóricas de un repertorio de igual número de autores de los más interesante en la escena escultórica contemporánea.


 

Las 14 piezas son obra de:

Irma Palacios (Iguala, Gro.) que realiza una pieza de tubos de metal que semeja los arbustos del desierto; Mary Stuart (Providence, Rhode Island) planta árbol del que cuelgan tiras de metal impresas con símbolos huicholes, las cuales tintinean con el viento; Ana Castelán (Tulancingo, Hgo.) quien confecciona con biznagas rojas, “un jardín dentro de otro jardín”; Perla Krauze (México, D.F.) construye dos escaleras de piedra hacia el cielo, creando con ello “otras” vistas del paisaje desértico; Rufino Meza (Badajoz, España) ubica un monolito pétreo dentro de una “capilla” que es iluminada cenitalmente; otro español, Emili Armengol (Barcelona, España) crea un reloj de sol; Fernando González Gortázar (México, D.F.) realiza un “animal” cuyo perfil emula el del paisaje circundante; Helen Escobedo (México, D.F.) colocó cilindros coloridos casi transparentes que contrastan con el contorno de los cerros; Ivonne Domenge (México,D.F.) fabricó una “palma” de aluminio reluciente; Karin Waisman (Buenos Aires, Arg.) construyó un recinto recubierto por dentro de losetas azules, cuyo interior transmite sensación de encontrarnos bajo agua y cuyas rendijas circulares enmarcan fragmentos del paisaje exterior, a la vez que transmiten sonido y viento hacia el interior; Ignacio Van Aerssen (Holanda) manufacturó con placas metálicas una habitación a cielo abierto; Gilberto Estrada (San Luis Potosí) emuló plantas rodadoras del desierto con acero inoxidable brillante; Paul Nevin (Bayonna, Francia) celebró con hierro la geometría de las yucas; y María José de la Macorra (México, D.F.), quien hizo un cráter en el paisaje.

Las piezas escultóricas se encuentran conectadas por senderos rústicos que forman círculos concéntricos, lo cual nos remite a centros ceremoniales arcaicos, creando en quien lo recorre un vínculo ancestral con la naturaleza. Esta conciencia de que “somos naturaleza”, se logra por la interacción con la topografía, que propicia una gran diversidad de vistas y experiencias, en donde se descubren las esculturas al acercarse, a través de una doble presencia, “discreta a la distancia y protagónica al encuentro”, en la inmensidad del desierto.

De acuerdo con los jardines diseñados dentro de la filosofía Zen, en donde no debe notarse la artificialidad, no existe ningún elemento protagónico más que el paisaje desértico, logrando una integración orgánica que constituye “otro” paisaje. Por su parte el museo, puede entenderse como una analogía con una cueva, para resguardarse de un clima extremoso, por medio de una construcción subterránea, orgánica y, no obstante, panorámica. Al estar en el anfiteatro, de inspiración clásica, uno se da cuenta de que esta excepcional obra fue concebida para la contemplación serena, sensorial y silenciosa, generando con ello otro tipo de celebración del estar en el lugar.

  

 

Fuentes de Información:

Aldrete-Haas (2012) Espacio Escultórico del Desierto.

Un jardín para la contemplación. México, D.F.: Pramana Press

Por Victor Manuel Gutiérrez Sánchez*

*arquitecto y urbanista

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