Revista Habita

Articulos de Interes

EL CEART.

EL CEART.


 Después de que la ex penitenciaría fuera cerrada varias instituciones gubernamentales buscaban apropiarse del edificio pero fue la Secretaría de Cultura del Estado quien lo obtuvo, convocó a un concurso de transformación el cual fue ganado por el taller 6A conformado por el Arquitecto Alejandro Sánchez García y la Arquitecta Mariza Flores Pacheco.

 

Con razón del décimo aniversario, Alejandro y Mariza visitaron el CEART y dieron una conferencia donde explicaron todo el proyecto arquitectónico, contaron el gran reto que tenían al transformar un edificio que fue concebido originalmente para privar a las personas de su libertad a un espacio público con vocación cultural y artística.

 

El edificio original fue diseñado por el Arq. Carlos Suárez Fiallo y data a finales del siglo XIX, su característica principal es el esquema panóptico, donde al centro hay una torre de observación y vigilancia y a su alrededor, ocho naves concéntricas dispuestas en manera radial, con eso lograban que los guardias tuvieran el control visual de lo que está sucediendo en todo el perímetro.

 

Los arquitectos cuentan este trabajo como un gran reto, donde más que una restauración fue una transformación total del espacio, del diseño, de la vocación del propio edificio. La estructura estaba incompleta, la construcción tal cual nunca se terminó (cuatro de las ocho crujías solo estaban construidas en planta baja), gran parte del edificio estaba muy deteriorado, Alejandro nos platica que hubo proyectos del concurso que buscaban casi borrar toda existencia del pasado del edificio, cosa que el INAH jamás iba a permitir.

 

Una de las líneas del diseño fue que el programa arquitectónico se iba a ir adaptando al edificio, donde las escuelas viven a los jardines (artes plásticas, teatro, danza) y los servicios son contenidos (biblioteca, galerías, música). Las celdas fueron las que marcaban el ritmo del Qué y Hasta donde abrir.

 

La materia prima del proyecto fue la piedra, donde ésta tenía que mantenerse dentro del edificio, todo lo que se fuera removiendo se iría colocando en otro lugar, es por eso que el paisaje de los patios cuenta con piedra original del proyecto.

 

Alejandro y Mariza buscaban hacer la transformación del edificio dejando en evidencia lo viejo de lo nuevo, es por eso que cuatro de las ocho crujías tienen diferentes fachadas y diferentes cubiertas, donde cada una sirve al programa arquitectónico; como por ejemplo la crujía que alberga a artes plásticas cuenta con una cubierta de sección variable abierta al sentido norte, donde entra una luz que alumbra, pero no que calienta, la mejor para trabajar en arte.

 

El masterplan inicial buscaba tener permeabilidad con los barrios urbanos que rodean el CEART, abriendo el muro perimetral para tener acceso desde otros puntos y no solo desde la calzada de Guadalupe, por temas históricos el INAH no lo permitió por lo que solo se conservó el frontal y el trasero.

 

Como se puede notar, la transformación busco siempre respetar la historia del lugar haciendo una transición al nuevo uso del espacio de una manera particular y exacta a las necesidades del programa. Se respetó la memoria histórica del lugar con varios elementos que ahora son los testigos de lo que era y representaba la penitenciaría.

 

Ahora bien, el espacio no se puede entender sin todos sus vacíos, los ocho patios que giran junto con las crujías, cada uno con un diferente uso y diseño, algunos entrando en las mismas crujías y otros conteniendo toda la fuerza de los muros de piedra que los rodea. Son los patios los que le dan esa energía y dinamismo al espacio, desde el de los Pirules hasta el del agua, hacen esa transformación del pasado a como se vive actualmente. Puede ser increíble estar sentado en un patio, traer a la mente como se pudo haber vivido ese lugar y de la nada ver pasar a un niño o alguien con un instrumento que te regresa al presente y de como un gran proyecto pudo lograr esa renovación.

 

El CEART seguirá transformándose, como bien dijo Mariza y Alejandro, los edificios se desprograman y lo que fue pensado para una cosa puede terminar vivirse como otra, pero aun así no dejará de ser ese espacio que está destinado para la creación de algo positivo para la gente y para el lugar.

 

En la edición del 2009 de los premios INAH, el proyecto recibió la presea “Francisco de la Maza” en la categoría de mejor trabajo de conservación del patrimonio artístico y urbanístico.