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De adentro hacia afuera

De adentro hacia afuera
Nada es lo que es y nada es lo que parece decía la frase atrás de la hoja del calendario. Él observó las frutas de cera que adornaban el centro de la mesa de la cocina  y pensó que tenía razón el calendario. Eran tan reales la pera, la manzana, la naranja y los plátanos que cualquiera diría que los habían traído esa mañana directamente del mercado. Luego se asomó a la ventana y vio el cielo cargado de nubes grises, la tristeza representada, día que aseguraba ganas de encerrarse y cobijarse bajo las sábanas y en realidad era ese día sombrío el mejor día de su vida, no le hacía falta el sol ni el cielo azul para sentirse con ganas de bailar y sonreír. Más tarde se sentó sin hacer nada a pensar en situaciones importantes de su vida, en lo que haría para resolverlas, los que lo vieron ahí inmóvil en aquél sillón, pudieron pensar que era un desobligado, sentado nada más sin hacer  cosas importantes como ir y venir y trabajar sin descanso.

Es cierto, pensó, nada es lo que parece y nada es lo que es. Si lo pienso así, se dijo, voy a detenerme hoy a observar directamente a las personas y a preguntarles cómo están y qué les sucede, por qué actúan de tal o cuál manera, en lugar de dedicarme a suponer los motivos de las cosas sin darme cuenta que hay un fondo interno que las mueve a actuar de una u otra manera.
Decidido salió a la calle y se puso a  conversar con las personas, oye tú por qué tiras la basura así nada más en la banqueta, por qué no respetas el estacionamiento para discapacitados, ey tú dime qué pasa en tu corazón que  atiendes el mostrador de mala gana, dime por favor qué te sucede por dentro que no sabes respetar a los que caminan a tu alrededor…

Entonces  cuando de noche regresó a su casa traía una carga pesada sobre sus hombros y se dijo: No funcionará de esta manera, los que están equivocados no se pueden convencer tan fácilmente de que son ellos los que tienen que cambiar, tendría que suceder una terrible situación como un desastre natural o una explosión para que su cabeza se acomodara. Nunca podré cambiar a los otros, es más fácil cambiar yo y decidirme a no molestarme por lo que pase alrededor sino ocuparme por transformar desde mi lugar lo que a mi alrededor pasa.